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Éric Laurent - Lecturas del síntoma (2011)

Conferencia en la Sección Clínica de Rennes, cuyo eje son los problemas de lectura que suscita el síntoma, una vez que éste es capturado por la palabra. Nos recordará entonces que Freud apeló muy tempranamente a la diferencia entre la palabra y lo escrito, llegando a proponer en los años ’20 que el síntoma, en su particularidad, puede producirse en torno a errores de lectura, siendo ejemplo de ello el célebre caso del “brillo en la nariz”. Laurent ofrecerá entonces dos viñetas con las que resaltará que “el modo en el que escribimos el síntoma que se dice en la lengua, determina la suerte que se le va a dar après-coup al síntoma, cuando éste se presente” y que, en la transformación del síntoma, hay al mismo tiempo “algo fijo, una fijación pulsional, una fijación de goce”. Freud intentó dar cuenta de esta fijación mediante la escritura, primero con su “block maravilloso” y la idea de que es una impresión lo que produce una marca distintiva de la palabra. Sin embargo, Lacan objetará esta metáfora, destacando que esta marca puede ser de distintos tipos. Su idea fue más bien explicar que “el inconsciente freudiano tiene relación con la materia de las palabras”. Para él, la letra es un agujero en el lenguaje, “algo que fue atrapado que no podrá escribirse jamás en la lengua común”, dando cuenta “del modo por el cual algo se fija, al mismo tiempo que algo se desplaza”, lo imposible de decir, que puede sin embargo ser atrapado por un cierto modo de consideraciones lógicas. Se trata aquí de una escritura que permite captar la particularidad de un síntoma.
Al mismo tiempo, Laurent destacará a qué punto toda clasificación engendra inmediatamente inclasificables, afirmando que “este inclasificable en un sistema determinado, es un efecto de escritura”. Subrayará cómo el sistema de clasificación de Freud se vio absolutamente estropeado en 1914 al conocer al Hombre de los Lobos, un “sujeto muy fuera de la norma, muy particular”, momento a partir del cual el principio de Freud será “tomar como punto de referencia lo más particular, lo que no entra en las escrituras clasificatorias de la psiquiatría de su tiempo” y subvertirlas, para “llegar a dar cuenta de una particularidad superior”. De acuerdo a Laurent, fue éste el modo en el que Lacan leyó el esfuerzo de Freud y él mismo sostuvo para la clínica psicoanalítica esta incredulidad respecto a las categorías propuestas por la clínica de su tiempo. Se trata de un modo de “transcribir en el psicoanálisis lo que puede escribirse y lo que se le escapa, un goce que está a la vez por todas partes y que no puede decirse en ningún lado”, y que Lacan intentó atrapar para definir el estatuto del fantasma, donde el objeto (a) “es la huella de la fijación misma de lo imposible de decir”. Finalmente, Laurent afirmará que un análisis sirve para “aflojar lo que se presenta como escritura de lectura fija y en ocasiones como programa” y debería llegar a “pluralizar los modos de lectura”, dejando “más posibilidades a la contingencia del encuentro”.

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